Además de tener una serie precisa de conocimientos, habilidades/destrezas y actitudes referidas a la profesión en cuestión, un buen profesional de hoy debe disponer de capacidad para su transferencia a diferentes realidades y situaciones profesionales. El profesional de la orientación escolar debe manejar situaciones complejas y para conseguir un adecuado desempeño, afrontando dicha complejidad, debe asimismo saber actuar y reaccionar con pertinencia, saber utilizar los recursos y movilizarlos en un contexto, saber transferir, saber comprometerse con lo que dicho entorno demanda.
Desde mi punto de vista, un buen orientador debe de tener una buena capacidad para adaptarse a todo tipo de situaciones, tener facilidad de identificar problemas aunque sean difíciles de ver a simple vista y, por último, obetener una buena capacidad para la resolución de conflictos.
Sin embargo, a veces se dan comportamientos que no son beneficiosos para una buena orientación educativa. A continuación, se ejemplifican tres comportamientos que serían incorrectos para la orientación educativa:
- No comprender y respetar los valores de aquellas personas con la que se trabaja a diario.
- No mantener la calma y determinación ante situaciones que pueden resultar incomodas.
- El orientador no contribuye al desarrollo de las personas sino a su propio desarrollo personal interesándole solo sus intereses y dejando de lado los intereses de las personas con las que trabaja a diario.
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